> Lo mas importante - Diario El Heraldo, Tegucigalpa, 15 de enero de 2006





Editorial

En estos tiempos en los que el libre mercado se ha elevado a la categoría de dios, y en los que hemos hecho del consumismo el rito principal de la nueva “religión”, con demasiada facilidad nos olvidamos de que las cosas más importantes de la vida no son aquéllas que se compran con dinero.

Estamos tan obsesionados con las posesiones materiales, con el confort que dan las cosas que nos ofrece el mercado, con exhibir ante los demás nuestro “éxito”, que para lograrlo ofrendamos ante el altar del consumismo aquello que sí es valioso, como los vínculos familiares y hasta nuestra propia vida.

El nivel de penetración del materialismo en nuestra sociedad es tal que todo gira alrededor del dinero. Ni siquiera las religiones que se supone tienen como propósito satisfacer las necesidades espirituales del hombre se conciben sin el diezmo, sin atractivos templos, sin pastores transportándose en vehículos de lujo. Muchos neocristianos ya ven a la pobreza material como una especie de castigo divino y a la sobreabundancia de bienes como una bendición de dios.

Los padres, que incluso abandonan a sus hijos para dedicarle más tiempo al trabajo o a los negocios, es esmeran mucho para poder pagar los centros de estudios más caros que les garantice un “futuro próspero, una vida mejor”, que se circunscribe únicamente a un empleo bien remunerado o a rentables negocios. Muy pocos piensan en que la verdadera felicidad de los hijos no dependerá de cuánto puedan ganar cuando sean adultos, sin que hayan tenido una niñez sana, no sólo físicamente, sino también en lo afectivo, en lo psíquico y en lo espiritual. En muchos casos, la falta de atención de los padres y una excesiva disponibilidad de dinero más bien echan a perder a los muchachos.

La importancia del dinero en la actualidad es innegable porque tampoco son posibles un cuerpo, una mente y unos sentimientos sanos en medio de la indigencia. La cuestión es que al dinero, a las cosas que pueden comprarse, debe dárseles el valor que realmente tienen, que no es poco, es sólo que no es lo más importante, porque lo más importante, a parte de nuestra existencia que sí es material, es aquello que no se puede tocar, ver, oír, oler ni saborear.

Esforcémonos a diario para mejorar nuestro bienestar material, pero no permitamos que esa búsqueda arruine nuestra existencia espiritual, psíquica y afectiva.