El Quetzalteco, Quetzaltenango - 26 Marzo 2006

"El mundo necesita muchos locos"

Después de dos años y medio de viaje, Cristian Stahli llegó a Quetzaltenango luego de recorrer Latinoamérica en bicicleta. Su sed de vivir y conocer, así como su enemistad con la monotonía lo han internado en lugares inusitados donde ha conocido miles de historias hermosas y tristes del mundo.



Cuando la mayoria de sus amigos comenzaban a trabajar Cristian Stahli se separó del rebaño. El 11 de agosto de 2003 salió de su casa en Suiza para emprender un viaje planeado para un año que luego se convertiría en cuatro. Primero se financió con ahorros, con con pequeños trabajos, y desde hace un tiempo haciendo bicicletas de alambre.
Cristian y un compañero comenzaron su recorrido en Berna, Suiza, para luego llegar a Barcelona donde abordaron un barco de carga que los llevaría a Argentina. En ese puerto un tercer acompañante se les unío: un caracol que se colgó de una de las bicicletas, algo extranno y a la vez mágico, como una metáforo de lo que significa su viaje.

Durante estos dos años y medio de viaje ¿cuando has sentido miedo?
"Nunca, tengo mucha fuerza de voluntad. Para hecer este tipo de viajes se necesita: tiempo, voluntad y paciencia".

¿Y locura?
"(Risas) Muchos dicen que sí, pero yo considero locos a los que se leventan a la misma hora todos los días, comen lo mismo y viajan en el mismo bus".

Bueno, yo me referia a una locura bella, aquella que hace el mundo cambie:
"Si es así, el mundo necesita muchos locos y yo soy uno de ellos."

¿Por qué cambiaron tus planes?
"Viví un año en Ecuador y la idea del viaje era volver y llegar a casa en un año, pero luego me di cuenta que quería conocer m¿as a las personas y las culturas, y decidí seguir recorriendo Latinoamérica completamente solo. Para ese entonces ya me había seperando de mi compañero de viaje".

¿Por qué la mayoría que emprenden este tipo de aventuras son europeos?
"Primero, por la visa. Además la vida del latinoamericano ya es una aventura, cuando toma vacaciones no quiere inquietarse. En cambio, los europeos buscamos las preocupaciones que nos faltan en la vida diaria".

¿Cómo llegas a Xela?
"Severine Pastor, de la Alianza Francesa, me invitó y aproveché para descansar".

¿Qué te ha parecido la ciudad?
"Linda. Luego de haber visto otras ciudades centroamericanos, Xela me gusta mucho".

¿Alguna vez contaste la estrellas?
"No, pero las miraba porque es lindo estar en contacto con la naturaleza. Después de un mes de observar el cielo me di cuenta que comenzaba a entender sus moviementos. Una vez me senté en la playa y vi un eclipe lunar. Me sentí como un antepasado que se asombra de la naturalza".

¿Y estas son las cosas que un citadino olvida observar?
"Si. Es una gran lección, hasta la perspectiva del mundo te cambia".

¿Ya tienes en mente otro proyecto?
"Desea ayudar a toda la gente que ho visto. Como soy maestro podría capacitar a docentes, pero también puedo contribuir con lo que hago".

¿En estes dos años has sido feliz?
"No siempre, una vez tuve una crisis existencial al ver tanta miseria y tragedia. Con este viaje me he decepionado del mundo y de los seres humanos".

¿Pero ha valido la pena?
"Claro que sí, porque preferio saber la verdad aunque sea amarga a vivir ilusionado por una mentira. He tenido momentos bellos, como la vez que me tocó estar en un hospital donde nació una niña y el papá me pidió algún nombre para ella. He visto de todo: ex presidiarios, torturados, revolucionarios, narcotraficantes y gente sencilla, todos tienen algo que contar".